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Domingo, 09 Agosto 2020 11:37

Capítulo 3: Entre la esperanza y el sacrificio

Las alarmas que suenan son las mismas que no pude escuchar el día que cometí el error de salvar la vida de Arturo Farias. Regreso sobre mis pasos en busca del acceso secreto por el cual entré, pero al llegar, dicha salida está bloqueada. Me imagino que la alarma ha hecho que las salidas se cierren y una sensación de pánico pretende apoderarse de mí, mientras la contrarresto con adrenalina, la misma que uso para correr desesperadamente en busca de una salida. Cada visita a este maldito lugar es un empujón abrupto para filosofar acerca de lo que creía imposible, pues mil cuestionamientos acechan en mi cabeza mientras cargo en mis brazos a una niña de origen desconocido que se ha desmayado. Repaso en mi memoria las salidas ocultas que encontré la primera vez que registré este lugar y recorro los pasillos que ahora me parecen eternos, pero cada puerta que conduce a una salida está bloqueada. El sonido de las alarmas me parece ensordecedor esta vez, y sé que se debe a que me siento como la presa que ha caído en una trampa. Si al menos pudiera hablar con Marco, tal vez ya habría encontrado una solución, pero la comunicación se cortó, seguramente cuando se activaron las alarmas, obstruyendo cualquier tipo de señal que pudiera llegar hasta aquí.

Nuevamente trato de conservar la calma para pensar con cabeza fría, mientras que el sonido estridente de las alarmas y las luces rojas que se alternan con la oscuridad en un parpadeo constante empiezan a jugar con mi cordura. Antes de que pueda llegar a pensar en una solución, algo sale de esa oscuridad que se estaba conjugando con destellos de luz roja, embistiéndome, haciéndome soltar a la niña que aún está inconsciente y que cae al suelo mientras yo quedo estampado en una pared de metal y concreto. Siento que me rompí una costilla, pero la adrenalina hace que me reincorpore de inmediato para tratar de identificar lo que me ha arrollado aunque sigo aturdido y con la vista difusa. Estoy en posición defensiva y una sombra de gran tamaño, con ojos brillantes, empieza a tomar forma en medio de las luces rojas intermitentes y yo desenfundo mi arma de inmediato. Empiezo a disparar a la criatura y se escucha cómo un sonido metálico rechaza los impactos de bala. Cuando mi vista por fin se aclara, me doy cuenta de que morir en este lugar es una opción factible: Lo que está frente a mí es el mismo robot grande y extraño que vi la primera vez que estuve aquí, y me niego a creer que en verdad Farias ha desarrollado algún tipo de inteligencia artificial en este laboratorio. Entonces la máquina empieza a hablar:

—Iván Saurí, eres una persona predecible. Como lo son la mayoría de los humanos, debo decir —al escuchar eso y con esa voz, de inmediato me percato de que es Arturo Farias.
—En serio estás loco, Farias. ¿Y ahora qué mierda hiciste? ¿Descubriste el secreto de la inteligencia artificial, fabricaste una armadura mecánica de combate o pusiste tu maldito cerebro en una máquina de guerra?
—Ves demasiadas películas, Saurí. Esto no es un mecanismo autómata, sino un juguete que manejo a control remoto, pero será suficiente para no dejar cabos sueltos.
—Tal vez si evitaras contar tus planes macabros a tus empleados, no tendrías que pasar por esto. Quizá debas conseguirte a un Igor, algún esbirro inútil a quien puedas contarle tus locuras —trato de hacer tiempo mientras pienso en cómo salir de esto, como si tuviese escapatoria.
—Creía que no eras un humano tan ordinario, hasta que hiciste ese comentario. Como sea, no puedo permitir que te lleves a Zwei.

De manera abrupta la máquina se lanza contra mí. La esquivo y me doy cuenta de que su nuevo sistema de defensa tiene armas equipadas sobre los hombros, y me pregunto por qué Farias no las usa para matarme de una vez. Me respondo que, seguramente, se está divirtiendo conmigo. Tal vez tiene sentido para su retorcida mente, después de todo no tengo manera de escapar de este lugar. Sin embargo, tengo esta manía de no darme por vencido, así que levanto a la niña nuevamente y empiezo a correr por los pasillos, aprovechando la iluminación intermitente, moviéndome entre las sombras, como esperando que un milagro me saque del problema, rogando por un “deus ex machina” que me salve del peligro. Momentos después me doy cuenta de que el robot parece haber desaparecido y me parece increíble que Farias pueda ser tan sigiloso con una máquina tan grande.

Me escondo con la niña en una de las cámaras que tiene una ventana con un vidrio casi tan grueso como las paredes, bajo una mesa metálica que hace juego con la decoración que todo científico loco debe tener en su laboratorio subterráneo, pero sé que solamente estoy posponiendo lo inevitable. Entonces la niña por fin despierta y, aunque está aturdida, necesito interrogarla con la esperanza de hallar otra salida:

—Niña, ¿estás bien?
—Yo… no, no estoy bien.
—Entiendo... —ni siquiera sé que decir en un momento como este, a una niña que posiblemente ha sido víctima de las locuras de Farias, de modo que dejo hablar a mi instinto de supervivencia—: Tal vez necesitas tiempo para recuperarte., pero necesito que me ayudes a encontrar una salida de este lugar.
—¿Qué pasó?
—Te desmayaste después de que me entregaste el disco y el tipo que construyó este laboratorio juega con nosotros antes de matarnos —termino de decir eso sin reparar en el hecho de que ella es solamente una niña. Sin embargo, su respuesta me hace pensar que definitivamente no es una persona normal, lo cual  tiene sentido si Farias ha hecho algún experimento con ella:
—Si es cierto lo que  dices, sólo quiere matarte a ti.
—¿Qué? Pero… bueno, eso puede tener sentido. Al menos deberías explicarme qué hace una niña como tú en un lugar como este.
—No estoy segura, pero creo que nací aquí.
—No me gusta por dónde va tu historia… —Aunque digo eso, después de conocer los resultados de esa muestra que analizó Marco, creo que estoy preparado para lo que ella va a decir, así que le pido que me diga lo que sabe de manera breve:—Por ahora cuéntame la versión resumida.  
—Bueno, la cuestión es que tengo inestabilidad para manejar mi fuerza, una fluctuación de mi energía destruyó la cápsula en la que yo estaba contenida. Desperté desorientada, sin saber quién soy, sabiendo que nunca había gesticulado una palabra, que nunca había usado mis piernas para caminar, pero aun así sabía cómo hablar y cómo moverme. Quería saber qué estaba pasando, así que revisé la información que tú buscabas, antes de que llegaras, por eso ya había encontrado el disco con la información de lo que está pasando aquí. Me sorprendí mucho, no solo porque me di cuenta que incluso sabía leer y supe cómo usar el ordenador, sino por lo que está escrito ahí, por comprobar que todo eso es verdad con solo estar consciente de mi propia existencia. Di pasos hacia atrás hasta quedar reducida en un rincón de ese laboratorio, mientras trataba de asimilar todo esto, y fue entonces cuando entraste a revisar la información de Arturo Farias sin darte cuenta de que yo estaba ahí.
—Espera, espera un momento que no estoy entendiendo. Esa fue una versión más resumida de lo que yo esperaba —lo que acaba de decir la niña solo me genera más preguntas, pero sé que no tenemos tanto tiempo—. Si salimos de aquí podremos repasar los detalles de lo que te pasó, pero ahora necesito que me digas si conoces alguna salida de este lugar estando las alarmas activadas.
—Uno de los discos que revisé contenía los planos de la estructura. Creo que lo memoricé… yo también tengo muchas dudas acerca de lo que soy. En fin, hay otra salida de emergencia, creo que puedo guiarte a esa puerta.
—¡Esa es una excelente noticia! —Las esperanzas regresan—. ¿Puedes moverte?
—No. Después de haber expulsado tanta energía y después de haber memorizado tanta información, estoy exhausta.
—No hay problema. Te seguiré cargando. Solamente dime por dónde ir.

Antes de que nos podamos poner en marcha, el robot de Farias nos encuentra y destruye parte de la puerta de la cámara para poder entrar a la habitación, destruyendo el vidrio de seguridad de la cámara, dándome lugar para escapar después de haberme dado un terrible susto. Empiezo a correr por los pasillos con el corazón aun acelerado, mientras llevo a la niña en mis brazos, sintiendo el pánico entre las sombras, entre los destellos de luz roja y entre el sonido ensordecedor de las alarmas. Ella me va indicando el camino y la sigilosa máquina nos acecha. Esquivo al robot una y otra vez, más paredes son derribadas por esa bestia mecánica y me preocupa que la estructura pueda caer sobre nosotros, mientras me imagino cómo se debe estar divirtiendo Arturo Farias frente a la pantalla de un ordenador, como si estuviera pasando el tiempo con un videojuego en donde trata de aplastarnos. Es retorcido.

Cuando por fin veo la puerta que nos llevará a la libertad, el juguete a control remoto de Farias se cruza en nuestro camino. Es un callejón sin salida y empiezo a pensar cuál es la mejor opción para salvar nuestra vida… para salvar mi vida. Al recordar que la muerte que Farias busca es solamente la mía, me doy cuenta de que tengo que salvar a la niña, o al menos intentarlo. Tengo que servir de carnada para que ella pueda escapar. Así que, mientras aún la tengo en brazos, la pongo al tanto de lo que va a ocurrir:

—Oye, niña…
—¿Por qué no me llamas por el nombre que usó Farias?   
—Tendrás que averiguarlo tú sola.
—¿De qué hablas?
—Necesito que uses las fuerzas que te quedan para escapar. Te daré mi teléfono para que te contactes con Marco Salazar. Él te ayudará.
—¿Y tú que harás?
—Me quedaré para distraer a Farias. Tal vez tú eres la llave para evitar que este maldito loco extermine a la humanidad.
—Creo que puedo ayudarte.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
—Mi energía se está incrementando otra vez. Aun es inestable, pero tal vez puedo canalizarla para convertir a esa máquina en chatarra.
—No suena como si en realidad pudieses controlarlo. Creo que es mejor que escapes y reserves esa energía como última opción, porque cuando este tipo me mate, de inmediato va a ir tras de ti, y es seguro que te alcanzará.
—No me iré a ningún lado. Creo que puedo ayudarte.
—Eres un poco obstinada para ser tan pequeña.

 

 

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Acerca de mí

Soy un escritor e ilustrador colombiano con habilidad para crear historias y con ganas de contarlas. Esto aún sigue tomando forma, así que sean pacientes.

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